Historia Cristalina
Cuando ya no hay cabida a sensaciones, a falsas ilusiones y a escuálidas represiones, la inconsciencia explota, desvaneciendo los recuerdos más profundos que alguna vez moraron, en algún sitio de ella. Pero eso no es lo peor –o lo mejor si usted lo desea-. Es el hecho de negar, de olvidar en un segundo la infancia, todo lo ocurrido hasta antes de este punto de… inflexión. No me atrevo a decir que sea un acto equívoco, sin embargo, menos me atrevo a concebirlo como un acto de inocencia porque en él, hay muchos deseos que se ocultan en un trasfondo muy ofuscado y perturbado. Si bien, es el ser que toma la decisión de destruir sus cimientos espirituales –y peculiares-, existe la certeza no menos absoluta de que en algún lugar donde la verdad no es inexorable, axiomática y realmente concreta, corren aún los primeros vientos de energía de ignición.*
Por otra parte, no se exhiben maneras ni modos, para actuar contra esta marea que se avecina como una mega bestia natural, entendiendo por ella, la autodestrucción de la cultura y el desplazamiento indiscutible de la historia al rincón del olvido, donde nada es perseguido. ¿Suena extraño no? ¿Cómo olvidar la historia y llevarla al no recuerdo? Debemos actuar con suma cautela, puesto que, cuando logremos percatarnos de una situación tan compleja, puede ser tan tarde que jamás, logremos evocar nuestra propia historia.
Parece una simple paradoja, un juego de lógica… empero, con las razones entregadas, con lo que se alberga en cada punto, en cada coma y en cada espacio, debería usted -en este instante- estar atosigado de una duda existencial sin respuesta…
*Energía de ignición: Refiere al proceso de creación divina, en los albores del universo.
Nombre: Juan Pablo Miranda Arismendi.
Alumno 4°H Liceo Galvarino Riveros Cárdenas.
Cuando ya no hay cabida a sensaciones, a falsas ilusiones y a escuálidas represiones, la inconsciencia explota, desvaneciendo los recuerdos más profundos que alguna vez moraron, en algún sitio de ella. Pero eso no es lo peor –o lo mejor si usted lo desea-. Es el hecho de negar, de olvidar en un segundo la infancia, todo lo ocurrido hasta antes de este punto de… inflexión. No me atrevo a decir que sea un acto equívoco, sin embargo, menos me atrevo a concebirlo como un acto de inocencia porque en él, hay muchos deseos que se ocultan en un trasfondo muy ofuscado y perturbado. Si bien, es el ser que toma la decisión de destruir sus cimientos espirituales –y peculiares-, existe la certeza no menos absoluta de que en algún lugar donde la verdad no es inexorable, axiomática y realmente concreta, corren aún los primeros vientos de energía de ignición.*
Por otra parte, no se exhiben maneras ni modos, para actuar contra esta marea que se avecina como una mega bestia natural, entendiendo por ella, la autodestrucción de la cultura y el desplazamiento indiscutible de la historia al rincón del olvido, donde nada es perseguido. ¿Suena extraño no? ¿Cómo olvidar la historia y llevarla al no recuerdo? Debemos actuar con suma cautela, puesto que, cuando logremos percatarnos de una situación tan compleja, puede ser tan tarde que jamás, logremos evocar nuestra propia historia.
Parece una simple paradoja, un juego de lógica… empero, con las razones entregadas, con lo que se alberga en cada punto, en cada coma y en cada espacio, debería usted -en este instante- estar atosigado de una duda existencial sin respuesta…
*Energía de ignición: Refiere al proceso de creación divina, en los albores del universo.
Nombre: Juan Pablo Miranda Arismendi.
Alumno 4°H Liceo Galvarino Riveros Cárdenas.
